CONTROL DE LECTURA: Gratwicke B. et al. 2008. The World Can’t have wild wild tigers and Eat Them, too. Conservation Biology, 22(1): 222-223.

Alumno: José Ismael Campos Rodriguez

En 1993 China prohibió todo comercio internacional de huesos de tigre, en cumplimiento a un requerimiento de la Convención Internacional para el comercio de especies en peligro de flora y fauna (CITES). Esta decisión provoco la disminución de  las exportaciones de partes y derivados del tigre a 26 países entre 1990 y 1992. Desde entonces han surgido intentos por parte de la autoridad CITES de China por reabrir el comercio de partes de tigre, a partir de  ejemplares criados en cautiverio. Entre tanto, la población de tigres en dicho país ha alcanzo más de 5000 ejemplares, por lo que el gobierno de dicho país considera factible dicha propuesta, pese a la oposición de otros países miembros.

En junio de 2006, la Administración Estatal de Bosques de China promovió ante representantes internacionales del CITES la reapertura del comercio de partes y derivados del tigre asiático, a partir de ejemplares criados en cautiverio. Dicha propuesta no considero la opinión de expertos en el manejo y conservación del tigre asiático estuviesen presentes, como argumentos a favor se indica que el comercio de partes de tigre a partir de ejemplares en cautiverio evitaría la cacería ilegal de la especie, beneficiando a la especie.

No obstante desde una perspectiva económica, dicha propuesta presenta serías deficiencias. Un análisis del costo-beneficio de mantener un ejemplar de tigre en cautiverio indica que el precio de manutención de un tigre en cautiverio es de US $4000, en tanto que capturar ilegalmente un ejemplar silvestre es de US$15 a 20. Por lo que el costo de ejemplares en cautiverio es al menos 1q0 veces mayor que el de un ejemplar proveniente de vida libre. Los autores suponen que la reapertura del comercio de partes de tigre, como la plantea el gobierno chino, perjudicaría a esta especie, ya que fomentaría la cacería ilegal, por los elevados costos de producción, adicionalmente, indica que los consumidores de partes de tigre (generalmente se emplea con usos medicinales) prefieren ejemplares silvestres, por lo que no habría mercado para las partes obtenidas de ejemplares criados en cautiverio. En cambio, es muy posible que ejemplares de vida silvestre se hicieran pasar como ejemplares criados en cautiverio, ya que no hay forma de distinguir los huesos de un tigre de vida libre respecto de uno criado en cautiverio.

La prohibición del gobierno chino de 1993, hizo que disminuyera el comercio de partes de tigre para usos medicinales y de otro tipo. En consecuencia, se buscaron remedios sustitutos para las enfermedades que supuestamente combatían los derivados de tigre, logrando cierta aceptación de los consumidores. Por otro lado, la medicina tradicional prescribió al hueso de tigre como medicina, por lo que en principio comienzo a disminuir la demanda de estos productos. Los partidarios de la reapertura del comercio internacional de partes y derivados del tigre aparentemente no tienen un interés real o su visión es muy sesgada y errónea sobre la conservación del tigre.

Esta nota invita a reflexionar sobre la validez del comercio de especies de fauna y flora silvestres o sus derivados, como una estrategia de protección real de la vida silvestre. Ya que, autorizar el comercio de dichas especies puede ser nocivo hacia la conservación y no traer beneficios reales a las especies, pese a que sus partidarios opinen lo contrario.

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